PARASHÁH 45: Va'etjanan (Yo supliqué) T:Devarim(Palabras) Deuteronomio 3:23-7:11
- Ezra - Luis E Garavito

- 15 ago 2019
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Esta Parashah comienza con la plegaria de Moshé a HaShem para que le dejase entrar a la tierra prometida, a lo cual El Señor le contesta: “ya basta, no vuelvas a hablarme más del asunto”.
Debemos recordar que a quien más se le da, más se le demanda. A simple vista pareciera que el asunto de las aguas de Merivá no tendría mayor consecuencia, pero dado el nivel espiritual que tenía Moshé, fue algo grande a los ojos de HaShem. La manera en que Moshé hizo la plegaria, sirve de modelo para muchas oraciones que usamos hoy en día, como La Am

idá, donde se comienza enalteciendo las cualidades y atributos de Hashém para luego hacerle nuestra petición. No podemos de una sola vez pedir lo que deseamos ya que estaríamos como dando órdenes a HaShém, que nos conceda nuestra petición.
Si miramos un poco a Moshé, de seguro nos veremos reflejados nosotros mismos. Muchos hacemos exactamente lo mismo que él: vamos en la vida básicamente haciendo lo que deseamos, tomando nuestras propias decisiones y creyéndonos lo suficientemente maduros; pero cuando nos equivocamos, sufrimos y no admitimos que fue por nuestra mala elección; por ceder cuando no debíamos o hacer algo para quedar bien con alguien, pero las consecuencias suelen ser otras. Por supuesto, HaShem tiene un plan en nuestras vidas, pero nosotros no estamos muy interesados en él, dado que no guardamos todos los mandamientos, sino sólo los que “nosotros” consideramos importantes y que van con nuestro estilo de vida. Pero de pronto nos encontramos en problemas, en situaciones difíciles, perdemos nuestros trabajos, nos metemos en una dificultad económica, nos enfermamos o nos sobrevienen problemas maritales, nos distanciamos de nuestra pareja, nos enojamos, no sabemos qué hacer, etc., o cualquier otra situación difícil y decidimos que es tiempo de ponernos serios con HaShem y elevamos una tefiláh [oración] a Él, buscando Su ayuda, Su fortaleza, Su consuelo, Su Guía. Y mientras lo hacemos, comenzamos a mirarnos hacia adentro y nos damos cuenta que “nos equivocamos” porque así lo “decidimos”; fue parte del libre albedrío otorgado y nos damos cuenta de nuestro estilo de vida desobediente. Entonces venimos ante Ha'Shêm con “palabras, argumentos, y hermosas oraciones”, pensando que de esta manera cambiaremos algo, modificaremos lo sucedido. Pero así como sucedió con Moshê, también sucede con nosotros. Es muy tarde y tenemos que sufrir las consecuencias de nuestra desobediencia. (http://derejhashem.jimdo.com )
Muchas veces es nuestro propio Ego que se cruza en nuestro camino y no nos deja ser lo suficientemente humildes para ver que nos hemos equivocado, así como Yeshúa se sujeta al Padre, el varón debe proteger a su esposa y e hijos (en ese orden) y la esposa debe sujetarse al esposo, los hijos a sus padres.
La palabra sujetarse según el diccionario significa: la acción de acatar la autoridad de una persona. Pero, para acatar la autoridad superior, esta debe ser por méritos; los varones acatamos la autoridad de Yeshúa porque vemos y sentimos su amor y protección, la mujer es feliz sujetándose a su esposo cuando ve que es amada y protegida, además de ser un proveedor para su casa, entonces ella lo hará con gusto y por ende habrá paz en el hogar; así mismo los hijos al ver un ambiente de amor y armonía se sujetarán a sus padres sin condición.
Después de nombrar a Yehoshua como su sucesor, Moshé les dice los estatutos y juicios del Eterno para que los cumplan, comienza diciendo: “Ahora pues, oh Israel, escucha los estatutos y decretos”. Dice “escucha”, pero debemos recordar que La Toráh es para oírla y actuar. Si solo la escuchamos o la leemos pero no actuamos, en realidad es como si estuviéramos leyendo un gran cuento y nada más debemos actuar sobre lo leído y escuchado; como dice Yaakov en su carta a los judíos, en 1:22-25: “Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la Toráh perfecta, la Toráh de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será dichoso en lo que hace.” Este ha sido el secreto de la supervivencia del pueblo Judío en comparación con los demás pueblos que han tratado de seguir a HaShém y sus preceptos; pero perecen, porque solo desean cumplirlos a su manera, adaptándolos a su estilo de vida personal utilizando el libre albedrío que nos dio; pero los preceptos son para cumplirlos tal como están y sin cuestionarlos.
Luego se nos dice: “No añadiréis nada a la palabra que yo os mando, ni quitaréis nada de ella, para que guardéis los mandamientos de HaShém vuestro Elokím que yo os mando.” Esta parte también aplica cuando interpretamos la palabra a nuestra conveniencia, por cuanto somos expertos justificando nuestras transgresiones.
Esto nos recuerda las palabras del Mesías, Yeshúa, escritas en Mateo: 5:17-19, donde se lee: “No penséis que he venido para abolir la Toráh o los Profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la Toráh hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.”
Este pasaje demuestra que La Toráh (ley) no ha sido abolida, sustituida o clavada en ninguna parte; somos responsables de cumplir los preceptos y fiestas ordenadas por HaShém. Claro, es para los que aceptamos a Yeshúa como nuestro redentor y salvador, reflexionemos en lo siguiente palabras de un sabio judió mesiánico ¨si sigues haciendo lo que los demás pueblos, por favor no te identifiques como judío, no lo eres, estas avergonzando a tus hermanos que si cumplen la Torah como debe de ser, no a tu manera¨. Los preceptos no son un buffet para escoger lo que deseemos, NO, es un estilo de vida con grandes recompensas.
Cuando se es dada autoridad, también se adquiere una responsabilidad.





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